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Proceso de Participación de los Actores Educativos
El programa de los procesos de participación de los actores educativos se apoya en el artículo No. 216, inciso e, de la Ley General de Educación No. 66-97, que ordena al Consejo Nacional de Educación elaborar el Reglamento sobre el fomento a la participación, que establecerá los principios en que se asentarán y las normas que regirán las diversas entidades asociativas para el apoyo al Sistema Educativo, incluyendo sociedades de las comunidades de los educandos, educadores, padres, madres y tutores, con la fijación de las atribuciones y responsabilidades de los distintos sectores. También, se fundamenta en la política 4 y 8 del Plan Decenal y en la Ordenanza No. 09´2000. Las mismas, proponen:

La integración de la familia, la escuela y la comunidad para garantizar una mejor calidad de la educación.

Se motiva a la participación de todos los actores educativos para implementar programas, proyectos y políticas educativas.

Se prioriza la participación de la familia la cual favorece al desarrollo de los centros educativos, beneficiando a los alumnos padres, madres, tutores, directores y docentes de la escuela.

Se reconoce de manera significativa la participación de los padres, madres y tutores como fundamento para la gobernabilidad democrática del sistema educativo dominicano y el logro de una escuela efectiva.

Se importantiza la comunidad y la familia como parte de la política publica de alta trascendencia para el Estado Dominicano.

Se reconoce un nuevo órgano de participación comunitaria, los comités de cursos, los cuales son un foco de atención para el desarrollo del programa de los procesos de participación de los actores educativos.

Incentivar la participación de todos los actores del proceso educativos nos conduce a formar comunidades de aprendizaje. Cuando las escuelas abren sus puertas a los miembros de la comunidad se transforman en Comunidades de Aprendizaje, dando así una respuesta educativa igualitaria a la actual transformación de la sociedad industrial en sociedad informacional. En este proceso, el aprendizaje cada vez depende menos de lo que ocurre en el aula y cada vez más de la correlación entre lo que acontece en el domicilio, calle (Castells, 1994).
Las comunidades de aprendizaje favorecen la participación de las familias en los centros educativos y aumenta su sentimiento de ser partícipes en la educación de sus hijos e hijas.
Un centro educativo que se transforma en Comunidad de Aprendizaje vive una transformación social porque el proyecto implica un cambio de los hábitos de comportamiento habituales para familiares, para el profesorado, para el alumnado y para las comunidades; y cultural porque intenta cambiar la mentalidad de la recepción de un servicio público por la mentalidad de protagonismo de la gestión pública.
Las comunidades de aprendizaje tienen un objetivo más concreto: aquellos centros educativos en los que las dificultades problemas de diferencias de comunidades, desigualdad, pobreza, o carencias de otro tipo, hacen del centro un lugar más necesitado de cambio para conseguir el objetivo de una sociedad de la información para todos y todas.
El espacio del aula se convierte en el espacio de todas las personas que pueden enseñar y aprender en ese momento, sean madres, padres, voluntariado y, claro está, el profesorado que es el que tiene la responsabilidad básica.
Para lograrlo hay que transformar las escuelas que hemos heredado de la sociedad industrial en las comunidades de aprendizaje, que exigen un modelo igualitario de sociedad de la información. La orientación no es la adaptación sino por el contrario la transformación del contexto, tal como proponía Vygotsky y como proponen las teorías sociales de Habermas, (1998, 1992) y educativas de Freire, (1997, 1995) más referenciadas actualmente en el mundo1. Ambas proponen el aprendizaje dialógico (que engloba y supera el significativo2).
En el proceso de búsqueda de la calidad educativa, uno de los factores que se afirma contribuye con ello, es el de participación de los actores educativos. Hay que reafirmar que la participación, entendida ésta como praxis social escolar, es lo que permite que sus actores se constituyan en actores sociales en cuanto tal.
La escuela es una institución que organiza un conjunto de relaciones entre los sujetos, para lograr que los y las estudiantes aprendan, es decir, desarrollen competencias y habilidades para la vida. Así alumnos/as, maestros/as, directivos y personal docente, personal administrativo, familia, comunidad, y otros, cumplen con una serie de funciones en procura de que los procesos de gestión de las oportunidades para aprender cumplan con su cometido.
Peter Senge habla que un aula que aprende, se sitúa en el marco de una escuela que aprende, y ésta última, en una comunidad que aprende. Es decir, que en el proceso de cumplir los propósitos para los cuales la escuela existe, son múltiples los actores que intervienen en él. (Santos Guerra 2000)3 señala lo siguiente en ese mismo sentido: “La escuela tiene que aprender para saber y para saber enseñar, para saber a quién enseña y dónde lo hace”.
La sinergia de relaciones que se desarrollan en la escuela –intra y extra- envuelve a alumnos/as, maestros/as, directivos/as, personal docente y de apoyo logístico y administrativo, organismos de acompañamiento y supervisión del sistema educativo, familias, organizaciones sociales y comunitarias, etc. Cada una con características y funciones diferentes. Esta sinergia se constituye en el motor que dinamiza la escuela y le proporciona su sentido.
En esta perspectiva retomar el tema de la gestión educativa se constituye en un factor clave. Esta no puede ser reducida ni a la gestión de recursos financieros, como tampoco a cualquier otro recurso físico en el ámbito de la escuela. La gestión educativa está encaminada a generar condiciones propicias para el desarrollo de los aprendizajes, y en gran medida esto hace referencia a la gestión de las relaciones humanas que genera la dinámica educativa tanto al interior de la escuela, como aquella que es parte de la dinámica escuela-comunidad.
En sentido general, la participación en el marco de la escuela se ha concretizado en cuatro ámbitos:

De la información.

Solución de determinadas necesidades.

Supervisión y evaluación.

Análisis de los problemas y toma de decisiones colectivas.

Cada uno de estos ámbitos ha tenido su importancia en el desarrollo de la escuela, sin embargo, se trata de priorizar el cuarto, sin que esto signifique soslayar los otros. La participación debe ser conceptualizada, pues, como condición para el desarrollo de una escuela de calidad, al mismo tiempo, que una oportunidad para fomentar valores, actitudes y comportamientos democráticos y responsables. Así mismo, como una condición importante en los procesos de descentralización que se vienen gestando, colocando a la escuela y al distrito educativo, como los ámbitos principales de la gestión educativa.
  1. En ERIC (la base de datos de educación con más influencia en el mundo, elaborada en USA) Freire tiene 185 referencias y Ausubel sólo llega a 15. En SOCIOFILE (base de datos de Ciencias Sociales), Habermas tiene más de mil, mucho más que cualquier otro soció¬logo vivo y sólo comparable a Weber, Marx y Durkheim. Jesús Gómez Alonso (Profesor de la Universidad de Barcelona, y miembro del Centro de Investigación Social y Educativa - CREA)
  2. Las Ciencias Sociales de los años sesenta eran funcionalistas-estructuralistas o constructivistas, éstas últimas centradas en la construcción de significados. Desde principios de los ochenta, las Ciencias Sociales (Beck 1998/1986, Giddens 1993/1991, Habermas 1998/1992) son cada vez más reflexivas y comunicativas, centradas en el desarrollo del diálogo. Jesús Gómez Alonso (Profesor de la Universidad de Barcelona, y miembro del Centro de Investigación Social y Educativa - CREA)
  3. Santos Guerra, M.A. (2000). La escuela que aprende. Ediciones Morata, S.L. Colección Pedagogía. Tercera edición del 2002. Madrid, España.
 

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